Cada empresario se hace la misma pregunta cuando llega el verano: ¿tiene sentido cerrar en agosto o hay que seguir abiertos?
La respuesta parece evidente. Ciudades vacías, calles desiertas, la sensación de que todo se paraliza. ¿Para qué mantener la persiana subida si nadie va a entrar?
Eso mismo nos planteamos en 2003, cuando con dos socios explotábamos una franquicia inmobiliaria con tres oficinas: Terrassa, Sabadell y Rubí.
La decisión
El negocio inmobiliario de entonces dependía de tener producto. Cuantos más pisos en cartera, más opciones de venta. Calculábamos que hacía falta tener al menos 100 inmuebles por oficina para poder ofrecer al cliente tres alternativas. Menos de eso, y se iba a la competencia.
En junio de ese año decidimos cerrar dos de las oficinas durante agosto. Pero uno de mis socios, que atravesaba un mal momento personal, pidió abrir la de Terrassa “para distraerse”. Aceptamos.
La sorpresa
En septiembre volvimos de vacaciones y descubrimos que en Terrassa se habían vendido 9 pisos en un mes. Más del doble de la media habitual.
¿Por qué? Porque en agosto la ciudad no se vacía: se alterna.
Unos se van las dos primeras semanas, otros a mitad, otros al final. Y cuando están en la ciudad, aburridos porque casi todo está cerrado, se acercan a ver qué hay de nuevo.
El cliente llega relajado, con tiempo para pensar. Y tú también tienes tiempo para convencer.
Lo que aprendimos
Mi socio superó su bache personal, cobró unas comisiones inesperadas y en noviembre pudo irse de viaje a mitad de precio.
¿Fue una estrategia brillante? No. Fue un golpe de suerte.
Pero nos enseñó algo importante: a veces, trabajar cuando los demás descansan es una gran oportunidad económica.
Aprendizajes clave
Este intento no salió, pero me dejó lecciones valiosas que hoy aplico cada día:
- No añadas más tecnología de la necesaria.
El extra del geolocalizador no aportaba valor real. Solo encarecía el producto. - El margen tiene que existir desde el día uno.
Si necesitas vender muy caro para cubrir costes, no tienes un producto escalable. - Una sola solución no es una empresa.
Un producto aislado es frágil. Si no puedes construir gama, acabarás como proveedor de otro.
¿Y tú?
¿Estás valorando lanzar un producto físico o industrial?
¿Tienes una idea sobre la mesa y no sabes si es viable?
Si quieres contrastarla con alguien que ya ha pasado por ahí, escríbeme.
Quizá no te diga lo que quieres oír, pero sí lo que necesitas pensar antes de avanzar.